No compartimos direcciones
El remitente no ve la dirección real del destinatario. El destinatario tampoco ve la dirección postal del remitente.
Seguridad de la información
La dirección postal es el dato más sensible de Aldea Postal. La guardamos para que el servicio pueda funcionar, no para mostrarla, venderla ni compartirla entre usuarios.
Principios
La plataforma está diseñada para que las personas puedan enviar cartas reales sin convertir sus direcciones en información social, pública o intercambiada entre usuarios.
El remitente no ve la dirección real del destinatario. El destinatario tampoco ve la dirección postal del remitente.
Los envíos se operan con un código interno. Ese código permite preparar el reenvío sin exponer la dirección final.
Los círculos e intercambios muestran comunidad, estados y participación, pero no direcciones ni emparejamientos secretos.
Base de datos
Los campos postales sensibles se guardan cifrados en la base de datos con una clave independiente y rotada periódicamente.
La persona introduce o edita su propia dirección en un flujo autenticado.
La aplicación cifra nombre postal, líneas de dirección, código postal, ciudad, provincia y país antes de guardarlos.
La aplicación solo descifra esos campos cuando la propia persona los consulta o cuando el hub necesita preparar un reenvío.
Accesos
Ven su dirección y pueden modificarla. No pueden consultar direcciones de otras personas.
Puede resolver códigos y ver direcciones solo cuando hace falta imprimir la funda exterior y reenviar una carta.
El panel interno se trata como un rol de alta confianza y debe usarse con criterio de minimización.
Autenticación
El enlace mágico por DM depende de la seguridad de la cuenta de Bluesky de cada persona. Por eso Aldea Postal añade controles adicionales cuando el riesgo es mayor.
Terceros
Stripe gestiona tarjetas y datos bancarios. Aldea Postal solo guarda estado, importes y metadatos mínimos del pago.
Una empresa especializada se encargará de revisar y certificar que los procesos estén bien planteados.
Hasta cerrar textos legales y consentimientos definitivos, se puede probar la plataforma con datos inventados.
Ningún sistema es invulnerable. La idea es reducir exposición: guardar lo mínimo, cifrar lo sensible, separar roles y documentar con claridad qué puede ver cada parte.